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Autor Tema: Relato corto  (Leído 1368 veces)
Ripio Suelto
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Relato corto
« en: Enero 19, 2007, 11:28:50 »

No sé de dónde saqué esto, sólo recuerdo que lo copié hace años, para mandárselo a alguien (que me decepcionó bastante, porque no entendió un carajo del relato... ).
Buscando ahora entre textos que tengo en mi pc, vi el título y al releerlo volvió a parecerme una pequeña joyita.

Figura decimoquinta: El almendro eleva sus ramas al cielo

Esta figura debe realizarse tan sólo en aquellos que sean jóvenes y fuertes, pues el almendro es un árbol cruel que clava sus raíces con ira en la tierra, sin importarle cual sea el coste que haya de sufrir su huésped, y así es que muchos que han asumido su carga han muerto a los pocos días, quebrantando así al almendro y anulando la belleza de sus ramas y brotes. Para la elaboración de esta figura, se tomara con delicadeza una vara de mimbre larga y flexible, y se procederá a hervirla durante tres o cuatro horas en agua salada, en una proporción del 15%. Después, se tomará al lienzo en que vayamos a trabajar, asegurándonos de que haya sido lavado y preparado con meticulosidad.

Se procederá entonces a realizar una serie de golpes largos y lentos sobre el lienzo, procurando que queden marcas bien definidas y rojas, pero evitando en todo momento rasgar la superficie. Si así ocurriera, por torpeza o debilidad del material, se interrumpirá inmediatamente la sesión, y no se volverá a trabajar con ese lienzo hasta que las rasgaduras hayan curado. El almendro no debe dar sus flores hasta el último momento, y cualquier mancha carmesí desmejorará gravemente el efecto final.

Aunque cada uno es libre de dar a su almendro la forma que uno quiera, yo me inclino por seguir los pasos definidos por Raúl Adrián Marcus en su Tratado de Dermatografía, obra que ya he citado anteriormente en este mi humilde catálogo de figuras. Siguiendo al maestro Marcus, pues, trazaremos dos líneas verticales curvadas grácilmente sea a la izquierda, sea a la derecha; y después de detenernos para comprobar el efecto, limpiaremos el lienzo de todo rastro de sudor y comenzaremos a trabajar en las ramas. Para ello, realizaremos golpes más rápidos y vivos, acelerando nuestro trabajando según nos vayamos aproximando a los brotes, y disminuyendo el ritmo si nos encontramos en las gruesas ramas principales.

Así daremos forma entonces a las ramas del almendro, y procederemos al punto a interrumpir la sesión brevemente, y haremos lavar el liento primero con agua salada y luego con aceite aromático, de aloe o de almendras. Una vez haya transcurrido un tiempo prudencial, empezaremos a trabajar en las flores.

Para ello, sustituiremos la varilla de mimbre por una maroma con hijos, a ser posible con piedrecillas ensartadas entre sus fibras, y con ella golpearemos y azotaremos repetidamente la superficie del lienzo, cuidándonos mucho de no perforarla. De nuevo, si así ocurriera, interrumpiremos la sesión. El propósito de estos golpes suaves pero firmes y continuos es el de romper y quebrar los vasos superficiales del lienzo, provocando así que la sangre se acumule en forma de glóbulos, que intentaremos crear de forma estética, y que estén adecuadamente distribuidos por las ramas trazadas con el mimbre. Procedemos entonces a efectuar pequeñas incisiones, punzantes y delicadas, provocando así que la savia del almendro brote a la superficie en forma de pequeños ramilletes de flores rosadas.

De “Lienzos humanos: manual básico de dermatografía”
Nicholas Beauxmains
Planeta Benefactor, 2230.

Fragmento de “Y vi un cielo sin estrellas”
Fabián Alvarez
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Re: Relato corto
« Respuesta #1 en: Enero 20, 2007, 04:14:07 »

Sacado de contexto, pasaría por algún tipo macabro de body-art... cosas peores se han visto.

Lo he leído. Está bien escrito, con una estructura original, insertando en medio de la historia estos pequeños fragmentos que van dando visiones laterales y ajenas al narrador, y por tanto aportan una visión más amplia del cuadro.

Me parece un alegato de la eutanasia. Viviendo en la desesperación, dentro de la que el trabajo del verdugo es mantener al reo en el borde mismo de la muerte, sin permitir si quiera la esperanza de un final por terrible que sea (la añoranza del veneno que negó), y con la tortura diaria... al final es el amigo oculto tras de una máscara quien ha de ponerle fin. Un fin ante el que la iglesia se revela.

No sé si lo he leído en esa clave, influenciado por la actualidad mediatica aquí, donde un caso de eutanasia de una ancianita ha reabierto una vez más el debate sobre la cuestión. A decir verdad, mucho debate no ha habido, solo constatar que la cuestión sigue ahí esperando a qué periódicamente salga a la luz. Ya se habló mucho después del  "Mar adentro" de Amenabar y no se llegó a ningún lado.

Ese infierno me ha hecho recordar a la cárcel de "Las Cronicas de Ridick"
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Re: Relato corto
« Respuesta #2 en: Enero 20, 2007, 05:43:49 »

a mi me hizo pensar en esa manía japonesa, más precisamente zen, de convertir triviales minucias (envainar una espada, pintar una hoja de bambú, servir el té) en un arte exquicito, ritualizado y de una muy "elaborada sencillez". También el grado de sadismo me parece muy japonés.
Me hace acordar mucho a un cuento de Kafka que se llama "En la colonia penal", donde el castigo para los reos consiste en una máquina llena de estiletes que le graban en la espalda su castigo, mucho más no recuerdo, pero parte del juego es que el reo tiene que adivinar lo que le están escribiendo. Si no tuviera mis libros embalados lo releería.
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Re: Relato corto
« Respuesta #3 en: Enero 20, 2007, 08:50:25 »

ya, ya. Si fueses tu el lienzo ya hablariamos de lo zen que te parece... XD (bromas aparte, sé a qué te refieres).

Ese de Kafka no lo conozco. De todas formas hace un par de meses me leí El Proceso y he condenado a este señor con una orden de alejamiento de quinientos metros durante no menos de un año, así que no podré leerlo aunque lo encuentre.
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Re: Relato corto
« Respuesta #4 en: Enero 20, 2007, 09:20:32 »

El Proceso... se te hizo denso por lo que parece, me equivoco? Ese es otro libro que abordé desde la adolescencia, al menos 2 o 3 veces, y no podía seguirlo, se me hacía pesado. Hasta que pasados los años le encontré la virtud y me alucinó, tanto que lo leí entero dos o tres veces, y otras dos o tres El Castillo, que es igual. Pero son esos libros que uno no lee cuando quiere sino cuando es tu momento, o el momento del libro, o posiblemente, el momento de ambos.
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Re: Relato corto
« Respuesta #5 en: Enero 21, 2007, 12:14:32 »

¿denso? no exactamente.

Es que es tan sobremaneramente... ¡kafkiano!
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